Food trucks anclados, rompiendo paradigmas

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Un food truck necesita, por la propia esencia que lo constituye, circular. Moverse, ir a eventos, encuentros, festivales, fiestas regionales y temporadas estivales. Ahí se realiza, ahí encuentra su razón. Pero pandemia

Bizzo comenzó a hacer la clásica pizza de estilo napolitano en Bahía hace poco más de un año. Hablamos de esa pizza bien finita, crocante por los minutos breves pero intensísimos que pasa dentro del horno de barro, con la perfección de sabor que surge cuando se reúne oliva, tomate, queso, albahaca y trigo. Es la que lleva muy poca levadura y mucho tiempo de espera-leudado (pueden ser hasta dos días). La que se corta en cuartos y cada porción se pliega al medio para poder comerla. Fer y su equipo hicieron temporada en Pehuen-Có y, al volver, el tráiler quedó estacionado en su casa, en calle Parera, a apenas dos cuadras de la autovía Juan Pablo II. 

Beltza (se pronuncia /belcha/, por las dudas) lleva casi cuatro años rodando, y de su food truck destaca el sándwich de cerdo braseado: solo imaginarlo nos dibuja una sonrisa en la cara. El equipo está en la misma situación que el pizzero, pero en el barrio Pedro Pico, en Thompson al 900. La imposibilidad de circular hizo que debieran quedarse quietitos en un domicilio particular.

Gastronómicamente ambos sitios son, literalmente, el medio de la mismísima nada. Dicho con respeto y mucho amor a sus vecinos, por supuesto: no son ubicaciones cercanas —ni mucho menos— a los circuitos de comida que el público local está acostumbrado. Pero parece que, quizás por eso, está ocurriendo la magia. 

Bizzo no da abasto. En la visita al trailer un miércoles cualquiera a las 20.30, la cocina nos advirtió que ya estaban tomando pedidos que estarían listos a partir de las 22. Un mise en place prolijo y bien nutrido anticipaba que la noche sería movida, a un ritmo incesante de bollo-relleno-horno-pizza. Los vecinos acompañan, prestan sus veredas y acercan regalos, en agradecimiento a la onda que el trailer le pone al barrio. Las guirnaldas de luces tenues, las mesas de madera y una noche cálida de primavera, completan la escena para quien quiera cenar ahí o buscar las pizzas y llevarlas a casa.

Beltza se reorganizó para abrir sus ventanas hace pocas semanas y va generando un lindo movimiento en el barrio. En este caso, el delivery y el take away están disponibles de jueves a domingo, a partir de las 19.30. “No sabemos cómo será el verano -cuenta Gastón-, pero por el momento estamos acá, trabajando con un menú reducido pero variado”. Y aunque reconoce que su principal ingreso viene de los eventos, hoy suspendidos, le hacen frente a la crisis buscándole la vuelta al momento. 

La movida de los food truck arrancó en Bahía hace pocos años, con mucho ímpetu. El Aeroclub, la FISA, #DisfrutáBahía y otros espacios de la ciudad han alojado festivales en donde estos carros complementaban el ambiente y brindaban opciones gastronómicas diferentes. Parece que fue hace mil años, la pucha. 

A la espera de lo que vaya a ser la nueva normalidad, los trailers se reinventaron. O, mejor, se reubicaron. Se anclaron, por un tiempo, ilusionados con volver a arrancar. En este mientras tanto, regalan la curiosidad de encontrarlos en puntos extraños, poco frecuentes. Es, sin dudas, una ocasión para ver si, acaso, nace un paradigma más barrial, de food truck de cercanía, de trailers que dan una movida diferente e hiperlocal a los distintos sectores de la ciudad. Como siempre, el rol del cliente será clave para acompañar y sostener estos espacios.

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